Yo soy víctima de las cesáreas

Yo soy victima de las cesareas, Carolin Almonte

Recuerdo que hace cuatro años estaba muy entusiasmada de traer al mundo a mi primer bebé. Tenía que conocer todo lo necesario, y hasta lo que no, para hacer que cada momento fuera único.

Realmente puedo decir que me preparé. Leí, investigué, vi documentales, participé de talleres entre los que se destacan:

  1. Lactancia
  2. Baño del bebé
  3. Alimentación complementaria
  4. Masaje
  5. Alimentación durante el embarazo
  6. Cuidado de la piel del bebé

Entre otros más que incluían prácticas hasta de cuál sería la forma correcta de pujar cuando llegara el día. #Elfrabullosodia.

El hecho de poder saber cómo actuar cuando llegara el momento me motivaba a continuar conociendo de todo sobre la maravillosa etapa que estaba viviendo.

Estaba decidida a traer a mi bebé como lo establece la naturaleza, aunque muchos lo duden, quería dar a luz de manera normal. Aún conociendo lo que implicaba sentir lo que muchas le temen “el dolor de parto”. Ese dolor que según experiencias ajenas se quita a ver esa carita por la que has esperando nueve meses.

Yo quería sentir ese dolor antes y no el que se siente después, el que provoca tener una herida en el abdomen, una cirugía que tarda tiempo en cicatrizar y años para olvidar.

¿Cómo terminé con una herida en mi panza? 

Bueno no fue difícil, pues no tuve que tomar la decisión, el experto en estas cosas fue quien consideró, como siempre, que era lo mejor para el bebé, realizar una más de las cesáreas que incrementan las estadisticas de este procediminento en el país.

Yo soy víctima de las cesáreas, soy víctima de quienes optan por lo planificado en lugar de lo imprevisto que puede resultar una labor de parto.

Muchas fueron las causas por la que se consideraba oportuna la decisión:

  1. El parto natural destruye la vagina
  2. Es más seguro lo planificado que lo imprevisto
  3. El bebé está perdiendo peso
  4. Bla, bla, bla…

Cuatro ecografías en menos de un mes con resultados algo distintos fueron “la prueba” que justificaron el procedimiento.

Steven pasó de tener 6.3 libras a pesar 5.8. Imaginen mi terror. Ciertamente mi bebé estaba mal. Fue lo que creí, y como lo que soy es periodista no médico acepté el procedimiento por el bien de mi niño.

El viernes 19 de julio de 2013 a las nueve de la mañana ya Steven lloraba al respirar aire por sus pulmoncitos. Mi flaquito nació perfecto, con un peso promedio, seis libras y sin ningún tipo de complicación.

Pero yo con esa cesárea había firmado mi sentencia. Me acababa de condenar a ser operada siempre que quisiera tener otro bebé.

Me convertí en víctima de las cesáreas, para cuando llegó el momento de que Abril naciera ya la razón principal para prescribir el procedimiento existía. Sin embargo, la justificación fue algo similar. Varias ecografías, un perfil biofísico, y sobre todo el hecho de no poder pujar un bebé con una cesárea anterior reciente.

Hace poco completé la tercera cesárea. La responsable de que Juan Tomás esté con nosotros. Una cirugía algo difícil, por voz del médico, debido al proceso de cicatrización anterior. Cirugía que me convierte en una más de la creciente estadísticas de partos por cesárea realizados en República Dominicana.

El sistema de salud dominicano debe tomar cartas en el asunto. Regular la creciente ola de procedimientos de este tipo que al final benefician a los involucrados en él y a los centros de salud donde practican más que a las pacientes y sus familias.

Según un estudio publicado en 2015 por Organización Mundial de la Salud el 56 % de los alumbremientos en República Dominicana son relizados mediente cesárea. Demostrando la creciene ola de este tipo de procedimiento, destacandose más en los centros de salud privados.

Pues su realización implica todo un protocolo que resulta un lucrativo negocio. La reservación de pintas de sangre, de la cual no devuelven el dinero si no se utiliza; dos horas en sala de recuperación que abultan la cuenta del internamiento; una consulta preanestésica, donde más que revisarte de los que se aseguran es de que conozca los riesgos de la anestesia epidural y firmes un papel de descargo… entre otras cosas más.

Todos estos procesos, citas y consultas pueden ser evitados y no siempre son necesarios. Pero como mamás que buscamos siempre lo mejor para nuestros bebés terminamos aceptando lo que nos dicen los médicos, muchas veces por falta de conocimiento y otras por falta de opciones.

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